Miércoles, Febrero 22, 2006 El faro
El mar es un elemento bello, poderoso y en ocasiones peligroso, cualquier marino que se precie lo sabe, sabe que el mar en su belleza entraña peligro, que se traga barcos con tripulaciones enteras, también sabe que las costas pueden ser su salvación o en el peor de los casos su perdición.
Una tempestad, marejada, una roca, la marea demasiado baja, un barco demasiado rápido, grande, con mucho calado... un naufragio. Los marinos lo saben y desde tiempos inmemoriales hay faros en las costas. Los faros por el día casi inservibles pero por la noche, por la noche imprescindibles. El mar se vuelve tan bravo de noche,e s tan fácil no ver una roca en la más absoluta oscuridad... pero hay esta puntual cada atardecer la luz de los faros gritando: ¡Cuidado! Costa, rocas cerca, más despacio, detente si eres demasiado hondo.
La vida también es bella, poderosa, peligrosa e incluso traicionera en algunas situaciones, cualquiera que este vivo lo sabe. Pero a diferencia de los barcos que tienen faros marcandoles el rumbo ,o mejor dicho el rumbo que no han de escoger, en la vida no hay faros que señalen el camino equivocada, no hay una luz que diga Eh! Cuidado! Por aquí no es, que si sigues navegando vas a chocar. Así que navegamos y navegamos y chocamos y reparamos el barco y aprendemos o no a navegar lo mejor posible por esta vida, esquivando las costas, las rocas afiladas...y aún sin faro de vez en cuando otro navegante nos avisa: ¡Cuidado! Rocas afiladas, precaución. Y a veces le hacemos caso y nos detenemos y otras...otras no, y chocamos y reparamos y vuelta a empezar.

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